Anatole France

(1844-1924) Escritor francés.

Frases célebres

Una cosa sobre todo hace sugestivo el pensamiento humano: es la inquietud.

No hay castos; solamente hay enfermos, hipócritas, maniacos y locos.

Los autores de revoluciones no pueden sufrir que otros las hagan después de ellos.

Llamamos peligrosos a los que poseen un espíritu contrario al nuestro, e inmorales a los que no profesan nuestra moral.

La nada es un infinito que nos envuelve: venimos de allá y allá nos volveremos. La nada es un absurdo y una certeza; no se puede concebir, y, sin embargo, es.

La Ley, en su magnífica ecuanimidad, prohibe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan.

Existe en todos nosotros un fondo de humanidad mucho menos variable de lo que se cree.

En la sociedad no todo se sabe, pero todo se dice.

Afortunadamente, no tenemos por qué parecernos a nuestros retratos.

El árbol de las leyes ha de podarse continuamente.

Cuando se alza un poder ilegítimo, para legitimarlo basta reconocerlo.

La moral descansa naturalmente en el sentimiento.

No perdamos nada del pasado. Sólo con el pasado se forma el porvenir.

Cada cual tiene la edad de sus emociones.

La vida nos enseña que no podemos ser felices sino al precio de cierta ignorancia.

La razón es lo que más asusta en un loco.

La moral es la regla de las costumbres. Y las costumbres son los hábitos. La moral es, pues, la regla de los hábitos.

Su experiencia, como tantas veces sucede, le hizo desconocer la verdad.

En todo lo que nos rodea y en todo lo que nos mueve debemos advertir que interviene en algo la casualidad.

Morir es tan sencillo y tan aceptable como nacer.

La vida resulta deliciosa, horrible, encantadora, espantosa, dulce, amarga; y para nosotros lo es todo.

Para lograr grandes cosas debemos no sólo actuar, sino también soñar; no sólo planear sino también creer.

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