Frases sobre el amor

No es el amor quien muere
somos nosotros mismos.

Al amor no se le dictan leyes.

El amor propio es el más grande de todos los aduladores.

Nuestra única defensa contra la muerte es el amor.

El amor es como las cajas de cerillas, que desde el primer momento sabemos que se nos tiene que acabar, y se nos acaba cuando menos lo esperamos.

El amor platónico es como un revolver que manejamos sin darnos cuenta de que, como está cargado, en cualquier momento puede dispararse.

En el amor se da la paradoja de dos seres que se convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos.

Se aprende a hablar, hablando. A estudiar, estudiando. A trabajar, trabajando. De igual forma se aprende a amar, amando.

He amado hasta llegar a la locura; y eso a lo que llaman locura, para mí, es la única forma sensata de amar.

Amar es verse como otro ser nos ve.

El único cemento sólido para unir a los hombres es el amor.

El amor consiste en dos soledades que se protegen, limitan y procuran hacerse mutuamente felices.

La luz del sol ciñe a la tierra
y la luna besa los mares:
¿para qué esta dulce tarea
si luego tú ya no me besas?

Aunque los amantes se pierdan el amor no se perderá.

Nada en la tierra puede compensar la pérdida de alguien que te ha amado.

Este axioma a toda hora habrás de meditar: la ciencia de vivir es el arte de amar.

Si escribo algo, temo que suceda, si amo demasiado a alguien temo perderlo; sin embargo no puedo dejar de escribir ni de amar...

El amor no se domina; se cultiva.

Pero no amo tus pies
sino porque anduvieron
sobre la tierra y sobre
el viento y sobre el agua,
hasta que me encontraron.

¡Llora! No te avergüences
de confesar que me has querido un poco.

Es posible que no seamos capaces de amar precisamente porque deseamos ser amados, porque queremos que el otro nos dé algo (amor), en lugar de aproximarnos a él sin exigencias y querer sólo su mera presencia.

Pensaba que este mundo sin amor es un mundo muerto, y que llega un momento en que se cansa uno de la prisión, del trabajo y del valor, y no exige más que el rostro de un ser y el hechizo de la ternura en el corazón.

Dije "je t’aime", en lo de amar sobran los adverbios, ni poco ni mucho, se ama o no se ama.

¡Ah! Que venga el tiempo
En que los corazones se enamoren.

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