Frases sobre las cualidades

Lo que el mundo llama genio es el estado de enfermedad mental que nace del predominio indebido de algunas de las facultades. Las obras de tales genios no son sanas en sí mismas, y reflejan siempre la demencia mental general.

Lo bueno necesita aportar pruebas; lo bello, no.

El encanto de la belleza estriba en su misterio; si deshacemos la trama sutil que enlaza sus elementos, se evapora toda la esencia.

La fuerza que no va guíada por la prudencia, cae por su propio peso.

La creatividad se aprende igual que se aprende a leer.

Para algunas cosas disponemos de un talento natural; otras hay que aprenderlas. Algunas cosas, sencillamente, somos incapaces de hacerlas.

Nada es más útil al hombre que aquellas artes que no tienen ninguna utilidad.

La ambición es un vicio, pero puede ser madre de la virtud.

El honor es la conciencia externa, y la conciencia, el honor interno.

Das poco cuando das tus posesiones. Es cuando das de ti mismo cuando realmente das.

Los hombres grandes son sencillos, los mediocres ampulosos.

El que quiere arañar la luna, se arañará el corazón.

El mayor placer que conozco es hacer sigilosamente una buena acción y dejar que se descubra por accidente.

El hombre superior piensa siempre en la virtud; el hombre vulgar piensa en la comodidad.

La virtud de un hombre no debe medirse por sus esfuerzos, sino por sus obras cotidianas.

Ha sido durante mucho tiempo mi axioma que las pequeñas cosas son infinitamente lo más importante.

Siempre me ha indignado que se crea que tres números pueden expresar la belleza de una mujer, lo que ha costado tantos endecasílabos a los poetas.

No hay inocentes, sólo distintos grados de responsabilidad.

Si se recurre al talento es que falta la imaginación.

No veo la miseria que hay, sino la belleza que aún queda.

Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es.

La mayoría de los hombres se parecen a grandes palacios abandonados: ocupan sólo unas pocas habitaciones y han cerrado las alas donde nunca se aventura.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales.

Cuando los individuos se enfrentan con el mundo con tanto valor, el mundo sólo los puede doblegar matándolos. Y, naturalmente, los mata. Mata indistintamente a los muy buenos y a los muy dulces, y a los muy valientes.

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