Frases sobre las cualidades

Lo bueno necesita aportar pruebas; lo bello, no.

La inflación es como el pecado; cada gobierno la denuncia, pero cada gobierno la practica.

Opino con los romanos de antaño que el general de hoy debe ser manaña, si es necesario, soldado raso.

Aconsejar economía a los pobres es a la vez grotesco e insultante. Es como aconsejar que coma menos al que se está muriendo de hambre.

La sabiduría es una tranquilidad del alma que por nada puede ser turbada y que ningún deseo inflama.

A nadie le va mal durante mucho tiempo sin que él mismo tenga la culpa.

Para algunas cosas disponemos de un talento natural; otras hay que aprenderlas. Algunas cosas, sencillamente, somos incapaces de hacerlas.

Vivir en contradicción con la razón propia es el estado moral más intolerable.

La técnica es el esfuerzo para ahorrar esfuerzo.

La ambición es un vicio, pero puede ser madre de la virtud.

Todas las cosas buenas son nuestras; ya el alma no necesita del cuerpo más que lo que el propio cuerpo necesita del alma.

La humildad es la antecámara de todas las perfecciones.

El carácter no está cortado en mármol; no es algo sólido e inalterable. Es algo vivo y cambiante.

El optimismo es la fe que conduce al éxito. Nada puede hacerse sin esperanza y confianza.

El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo.

La cosa tiene gracia porque se supone que la diversidad es lo más moderno que hay, pero si uno toma una muestra de ciudadanos, nunca lo diría.

Siempre me ha indignado que se crea que tres números pueden expresar la belleza de una mujer, lo que ha costado tantos endecasílabos a los poetas.

Piensa mal, pero en todos los casos, piensa por ti mismo.

El lazo más fuerte de simpatía humana debería ser unir a las personas de todas las naciones y todas las lenguas.

Bienaventurados los corazones flexibles, porque no se romperán.

En España, el que resiste, gana.

El placer más noble es el júbilo de comprender.

Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal que debe afrontar frente al destino— para decidir su propio camino.

A quien no lo siente, no es posible hacérselo comprender.

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