Frases sobre la literatura

Hay libros cortos que, para entenderlos como se merecen, se necesita una vida muy larga.

Los libros son las abejas que llevan el polen de una inteligencia a otra.

La pluma es lengua del alma; cuales fueren los conceptos que en ella se engendraron, tales serán sus escritos.

La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido.

Cuando lo hayas encontrado, anótalo.

Al escribir proyectas un mundo a tu medida.

La lectura es a la mente lo que el ejercicio al cuerpo.

El recuerdo que deja un libro a veces es más importante que el libro en sí.

El placer de leer es doble cuando se vive con otra persona con la que compartir los libros.

El lector puede ser considerado el personaje principal de la novela, en igualdad con el autor; sin él, no se hace nada.

Si un hombre cualquiera, incluso vulgar, supiera narrar su propia vida, escribiría una de las más grandes novelas que jamás se haya escrito.

En mi propia casa como en la ajena, he creído sentir que la poesía, al penetrar en la palabra, la descompone, la abre como un capullo a todos los matices de significación.

Los poetas son hombres que han conservado sus ojos de niño.

Nunca leo novelas ni ensayos, sino biografías. Para mí, es más importante la vida de un hombre que sus sueños de papel.

Los libros nos dan consejos que no se atreverían a darnos nuestros amigos.

En ocasiones pienso que el premio de quienes escribimos duerme, tímido y virginal, en el confuso corazón del lector más lejano.

Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude.

No es preciso tener muchos libros, sino tenerlos buenos.

En el fondo, un poema no es algo que se ve, sino la luz que nos permite ver. Y lo que vemos es la vida.

Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo.

El escritor es un hombre sorprendido. El amor es motivo de sorpresa y el humor, un pararrayos vital.

Escribo: eso es todo. Escribo conforme voy viviendo. Escribo como parte de mi economía natural. Después, las cuartillas se clasifican en libros, imponiéndoles un orden objetivo, impersonal, artístico, o sea artificial. Pero el trabajo mana de mí en un flujo no diferenciado y continuo.

El estudio ha sido para mí el principal remedio contra las preocupaciones de la vida; no habiendo tenido nunca un disgusto que no me haya pasado después de una hora de lectura.

Es cualquier libro discreto (que si cansa, de hablar deja) un amigo que aconseja y que reprende en secreto.

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