Frases sobre la literatura

Ante la poesía, tanto da temblar como comprender.

La literatura es siempre una expedición a la verdad.

La literatura es el arte de la palabra.

Si un hombre cualquiera, incluso vulgar, supiera narrar su propia vida, escribiría una de las más grandes novelas que jamás se haya escrito.

En mi propia casa como en la ajena, he creído sentir que la poesía, al penetrar en la palabra, la descompone, la abre como un capullo a todos los matices de significación.

Un libro de cabecera no se escoge, se enamora uno de él.

Nunca leo novelas ni ensayos, sino biografías. Para mí, es más importante la vida de un hombre que sus sueños de papel.

La lectura es de gran utilidad cuando se medita lo que se lee.

Cuando oigo que un hombre tiene el hábito de la lectura, estoy predispuesto a pensar bien de él.

La lectura nos regala mucha compañía, libertad para ser de otra manera y ser más.

La poesía se escribe cuando ella quiere.

El mundo llama inmorales a los libros que le explican su propia vergüenza.

En ocasiones pienso que el premio de quienes escribimos duerme, tímido y virginal, en el confuso corazón del lector más lejano.

Cuando un poeta canta estamos en sus manos: él es el que sabe despertar en nosotros aquellas fuerzas secretas; sus palabras nos descubren un mundo maravilloso que antes no conocíamos.

No es preciso tener muchos libros, sino tenerlos buenos.

Los libros son el mejor viático que he encontrado para este humano viaje.

La mejor receta para la novela policiaca: el detective no debe saber nunca más que el lector.

La lectura es a veces una estratagema para eludir pensar.

La frase es el alma del pensamiento; con una frase se hiere y hasta se mata. Durante largo tiempo se recuerda y se repite.

Escribo novelas para recrear la vida a mi manera.

Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo.

Los que saben ocuparse en cualquiera lectura útil y agradable, jamás sienten el tedio que devora a los demás hombres en medio de las delicias.

Si a cambio de mi amor a la lectura viera a mis pies los tronos del mundo, rehusaría el cambio.

Los escritores somos seres heridos. Por eso creamos otra realidad.

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