Frases sobre los medios

La televisión es el único somnífero que se toma por los ojos.

La televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural.

Los periodistas deben criticar, pero no azotar a nadie.

La televisión se nos aparece como algo semejante a la energía nuclear. Ambas sólo pueden canalizarse a base de claras decisiones culturales y morales.

Los periódicos en España se hacen, en primer lugar para que los lean los periodistas; luego los banqueros; más tarde, para que el poder tiemble y, por último e inexistente término, para que los hojee el público.

La televisión nos proporciona temas sobre los que pensar, pero no nos deja tiempo para hacerlo.

El que un perro haya mordido a un hombre no es ninguna noticia; una noticia es el que un hombre haya mordido a un perro.

Muy pronto la televisión, para ejercer su influencia soberana, recorrerá en todos los sentidos toda la maquinaria y todo el bullicio de las relaciones humanas.

La televisión es una hija del cine que le ha salido disipada y de malas costumbres.

El periodismo es grande. Cada periodista ¿no es un regulador del mundo, si lo persuade?

Yo creo que llevo unos veinte años odiando y amando la televisión. Las épocas de nuestra vida se pueden fijar en el recuerdo en función de la programación.

Un buen periódico es una nación hablándose a sí misma.

Los periódicos son los archivos de las bagatelas.

Los medios impuros desembocan en fines impuros.

Los medios de comunicación han acostumbrado a ciertos sectores sociales a escuchar lo que «halaga los oídos».

La literatura es el arte de escribir algo que se lee dos veces; el periodismo, el de escribir algo que se lee una vez.

La televisión es un invento que permite que seas entretenido en tu salón por gente que nunca tendrías en casa.

La gente generalmente confunde lo que leen en los periódicos con las noticias.

Seis, ocho millones de espectadores. Estas son cifras con las que nunca pudo soñar ningún director teatral o novelista y menos aún Esquilo, Sófocles o Eurípides.

La televisión rompió el confort de los cuartos de estar con la brutalidad de la guerra. Vietnam se perdió en ellos, no en los campos de batalla.

La televisión es un arma de doble filo, con la que incluso el espectador puede llegar a suicidarse.

Cuando la televisión informa sobre algún hecho marginal, en ese momento deja de serlo.

Ahí radica el verdadero poder de los medios masivos: son capaces de redefinir la normalidad.

La verdad y la solidaridad son dos elementos claves que permiten a los profesionales de los medios de comunicación convertirse en promotores de la paz.

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