Frases de temáticas diversas

Como define la RAE, miscelánea es aquella obra o escrito en que se tratan muchas materias inconexas y mezcladas.

Sin riesgos en la lucha, no hay gloria en la victoria.

Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos.

Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores.

El hombre ha de ser esclavo de la acción si quiere vivir.

Morir por la patria es una gloria; pero son más útiles los que saben hacer morir por la patria a los soldados enemigos.

No hay, en mi dictamen, hombre que aprecie más la virtud y la siga con más gusto, que el que por no hacer traición a su conciencia, ha perdido la reputacion de hombre de bien.

Adoro el cuerpo. Porque la carne es honesta y los órganos no mienten.

El cambio es ley de vida. Cualquiera que sólo mire al pasado o al presente, se perderá el futuro.

El que se erige en juez de la verdad y el conocimiento es desalentado por las carcajadas de los dioses.

No hay cosa más fría que un consejo cuya aplicación sea imposible.

Cuando acude la buena dicha, acude para todo, y lo mismo cuando la desdicha acude.

No hemos de gozar con mayor deleite las cosas que nos han costado caras, ni con menos las que no nos han costado nada.

No siempre podemos agradar, pero siempre podemos tratar de ser agradables.

El fin justifica los medios.

Normalmente, cuando las personas están tristes no hacen nada. Sólo lloran sobre su condición. Pero cuando están enfadados, provocan el cambio.

Cada día es un nuevo día. Es mejor tener suerte. Pero yo prefiero ser exacto. Luego, cuando venga la suerte, estaré dispuesto.

El cielo rara vez hacen que nazcan juntos el hombre que quiere y el hombre que puede.

Aquel que desea pero no obra, engendra la peste.

No he fracasado. He encontrado 10000 soluciones que no funcionan.

El deseo de ser diferente de lo que eres es la mayor tragedia con que el destino puede castigar a una persona.

Prestad auxilio si queréis hallarlo.

No encontró respuesta, las respuestas no llegan siempre cuando uno las necesita, muchas veces ocurre que quedarse esperando es la única respuesta posible.

La mayoría de los hombres persiguen el placer con tal apresuramiento que, en su prisa, lo pasan de largo.

No son los males violentos los que nos marcan, sino los males sordos, los insistentes, los tolerables, aquellos qué forman parte de nuestra rutina y nos minan meticulosamente como el tiempo.

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