Frases sobre los sentimientos

Al amor no se le dictan leyes.

Todo nuestro conocimiento tiene su principio en los sentimientos.

Los sentimientos delicados que nos dan la vida yacen entumecidos en la mundanal confusión.

El amor es como las cajas de cerillas, que desde el primer momento sabemos que se nos tiene que acabar, y se nos acaba cuando menos lo esperamos.

La fe es el antiséptico del alma.

La tristeza del alma puede matarte mucho más rápido que una bacteria.

En el amor se da la paradoja de dos seres que se convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos.

No hay ventura ni desgracia en el mundo, sino la comparación de un estado con otro, he ahí todo. Sólo el que ha experimentado el colmo del infortunio puede sentir la felicidad suprema. Es preciso haber querido morir, amigo mío, para saber cuán buena y hermosa es la vida.

El pájaro quisiera ser nube; la nube, pájaro.

La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.

El amor consiste en dos soledades que se protegen, limitan y procuran hacerse mutuamente felices.

La agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Tenemos que vivir, no importa cuántos cielos hayan caído.

Jamás desesperes, aun estando en las más sombrías aflicciones, pues de las nubes negras cae agua limpia y fecundante.

Todos somos viajeros en el desierto de este mundo, y lo mejor que podemos encontrar en nuestros viajes es un amigo honesto.

Nada en la tierra puede compensar la pérdida de alguien que te ha amado.

Si no tienes fuerza para imponer tus propias condiciones a la vida, debes aceptar las que ella te ofrece.

La mejor forma de averiguar si puedes confiar en alguien es confiar en él.

La felicidad, el conocimiento, en este lugar, no en otro, en esta hora, no en otra hora.

Incontenida, la cólera es frecuentemente más dañina que la injuria que la provoca.

Pero no amo tus pies
sino porque anduvieron
sobre la tierra y sobre
el viento y sobre el agua,
hasta que me encontraron.

Todos nos engañamos cuando conviene… Cuesta mucho aceptar las situaciones definitivas…

Mi corazón:
tu nido.
Muerde en él, esperanza.

¡Ah! Que venga el tiempo
En que los corazones se enamoren.

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