Frases sobre La Guerra

Las guerras seguirán mientras el color de la piel siga siendo más importante que el de los ojos.

Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mi es la soledad infinita.

Todas las guerras son santas, os desafío a que encontréis un beligerante que no crea tener el cielo de su parte.

No existe la guerra inevitable. Si llega, es por fallo del hombre.

No sé con qué armas se luchara en la tercera Guerra Mundial, pero sí sé con cuáles lo harán en la cuarta Guerra Mundial: Palos y mazas.

Una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales se acerca a la muerte espiritual.

Basta el instante de un cerrar de ojos para hacer de un hombre pacífico un guerrero.

La guerra no es más que un asesinato en masa, y el asesinato no es progreso.

La guerra es el arte de destruir hombres, la política es el arte de engañarlos.

No puedo creer que me condecoren. Yo creía que era necesario conducir tanques y ganar guerras.

La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que si se conocen pero que no se masacran.

Para hacer la paz se necesitan dos; pero para hacer la guerra basta con uno sólo.

Combatirse a sí mismo es la guerra más difícil; vencerse a sí mismo es la victoria más bella.

Ningún hombre es tan tonto como para desear la guerra y no la paz; pues en la paz los hijos llevan a sus padres a la tumba, en la guerra son los padres quienes llevan a los hijos a la tumba.

Inteligencia militar son dos términos contradictorios.

En la guerra como en el amor, para acabar es necesario verse de cerca.

La guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido.

Se tardan veinte o más años de paz para hacer a un hombre, y bastan veinte segundos de guerra para destruirlo.

La guerra es un juego serio en el que uno compromete su reputación, sus tropas y su patria.

Las leyes callan cuando las armas hablan.

La guerra es una invención de la mente humana; y la mente humana también puede inventar la paz.

Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo.

El gran Cartago lideró tres guerras: después de la primera seguía teniendo poder; después de la segunda seguía siendo habitable; después de la tercera ya no se encuentra en el mapa.

En los más ilustres y gloriosos capitanes y emperadores del mundo, el estudio y la guerra han conservado la vecindad, y la arte militar se ha confederado con la lección. No ha desdeñado en tales ánimos la espada a la pluma. Docto símbolo de esta verdad es la saeta: con la pluma vuela el hierro que ha de herir.

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