Frases sin clasificar

El inventor de una máquina puede estar seguro de que será recompensado en vida; pero el autor de un gran poema, así como el apóstol de una verdadera religión, han de estar casi seguros de todo lo contrario.

Mano sobre mano, como mujer de escribano

No impongas a nadie lo que tu mismo no puedas soportar.

El comer y el rascar, todo es empezar

Cuando una lámpara se destroza, la luz yace muerta en el suelo.

El huésped y el pez, a los tres días hieden.

Las vidas de los ricos son en el fondo tan aburridas y monótonas, sencillamente porque ellos pueden escoger lo que ha de sucederles. Están aburridos porque son omnipotentes... La cosa que mantiene la vida romántica y llena de ardientes posibilidades es la existencia de esas grandes limitaciones vulgares que nos obligan a todos a enfrentarnos a las cosas que no nos gustan o que no esperamos.

No hay mayor peso para un ser humano que un gran potencial.

Es funesto que nos acostumbremos a reconocer como ejemplos de sana belleza algunas obras clásicas, que acaso son objetivamente muy valiosas, pero que no causan deleite.

No entres donde no puedas pasar fácilmente la cabeza.

El otoño es un andante melancólico y gracioso que prepara admirablemente el solemne adagio del invierno.

Haceos miel, y os comerán las moscas.

Como canta el abad, responde el sacristán.

Por bueno que sea un caballo, necesita espuelas.

Hágase el milagro, y hágalo el diablo.

Entra en ti sin llamar.

El verdadero hombre siente su superioridad al reverenciar lo que realmente le supera. El corazón no abriga sentimiento más noble ni bendito.

Burro que lleva la carga a fuerza de palos..., malo, malo, malo.

El diablo, harto de carne, se metió a fraile.

Aspirar es privilegio de mujer.

Yo siempre me pongo a dieta, igual que todas las semanas dejo de fumar.

Hablando del rey de Roma, por la puerta asoma.

Para la burguesía, el único deber del Estado consiste en proteger la libertad y la propiedad personales del individuo. La burguesía considera el Estado como la imagen del policía, cuyo único deber teóricamente impedir el robo.

Cada palo aguante su vela.

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