José Saramago

(1922-2010) Escritor portugués.

Frases célebres

Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay.

No creo en Dios, no lo necesito y además soy buena persona.

Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.

Las palabras son sólo piedras puestas atravesando la corriente de un río. Si están allí es para que podamos llegar al otro margen, el otro margen es lo que importa.

Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

La derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva.

No me preocupa la muerte,
me disolveré en la nada.

Nuestra única defensa contra la muerte es el amor.

El tiempo es un maestro de ceremonias que siempre acaba poniéndonos en el lugar que nos compete. Vamos avanzando, parando y retrocediendo según sus órdenes. Nuestro error es imaginar que podemos buscarle las vueltas.

Hay quien me niega el derecho de hablar de Dios, porque no creo. Y yo digo que tengo todo el derecho del mundo. Quiero hablar de Dios porque es un problema que afecta a toda la humanidad.

Sinceramente, creo que la muerte es la inventora de Dios. Si fuéramos inmortales no tendríamos ningún motivo para inventar un Dios. Para qué. Nunca lo conoceríamos.

Tener no es poseer. Puede tenerse aquello que no se desea. Posesión es tener y disfrutar lo que se tiene.

Hay palabras que se retraen, que se niegan, porque tienen demasiado significado para nuestros oídos cansados de palabras.

He aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro.

Para qué sirve el arrepentimiento, si eso no borra nada de lo que ha pasado. El arrepentimiento mejor es, sencillamente, cambiar.

Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos.

La alegría y el dolor no son como el aceite y el agua, sino que coexisten.

Yo no escribo para agradar ni tampoco para desagradar. Escribo para desasosegar.

Si la literatura pudiera cambiar el mundo, ya lo habría hecho.

Disentir es uno de los derechos que le faltan a la Declaración de los Derechos Humanos.

Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran.

La historia se escribe desde el punto de vista de los vencedores, los vencidos nunca han escrito la historia. Se escribe, fatalmente, desde un punto de vista masculino.

No encontró respuesta, las respuestas no llegan siempre cuando uno las necesita, muchas veces ocurre que quedarse esperando es la única respuesta posible.

No hacemos más en la vida que ir buscando el lugar donde quedarnos para siempre.

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