Frases sobre el gobierno

Ningún pueblo cree en su gobierno. A lo sumo, los pueblos están resignados.

Una sola cosa nos explica bien la historia y es en qué consisten los malos gobiernos.

¿Por qué ha sido instituido el gobierno? Porque las pasiones de los hombres no se ajustan a los dictados de la razón y la justicia sin una fuerza coercitiva.

Como la dicha de un pueblo depende de ser bien gobernado, la elección de sus gobernantes pide una reflexión profunda.

La monarquía debe ser gobernada por demócratas, y una república por aristócratas.

Es una verdad indiscutible que el conjunto del pueblo de cada país desea sinceramente su prosperidad; pero es igualmente irrefutable que no posee el descernimiento y la estabilidad necesarios para un gobierno sistemático.

Es absurdo que un pueblo cifre sus esperanzas de redención y ventura en formas de gobierno que desconoce.

El gobierno no se ha hecho para la comodidad y el placer de los que gobiernan.

El primer error que se comete en los negocios públicos es consagrarse a ellos.

Los bolsillos de los gobernantes deben ser de cristal.

El mejor gobierno es el que desea hacer feliz al pueblo y sabe cómo lograrlo.

Gobernar es rectificar.

Cuando se alza un poder ilegítimo, para legitimarlo basta reconocerlo.

Los hombres de Estado son como los cirujanos: sus errores son mortales.

Comenzó por regir su casa, lo que, para la mayor parte de los hombres, no es menos arduo que gobernar una provincia.

Todas las formas de gobierno son valoradas exclusivamente en la medida en que tienden a promover la felicidad de quienes bajo ellas viven.

Un rey no debe caer nunca de su trono, excepto cuando el trono cae.

El mejor gobierno es el que se hace innecesario.

Quien gobierna a un pueblo dando buen ejemplo se parece a la estrella polar, que permanece inmutable mientras los astros dan vueltas a su alrededor.

Cuando un gobierno dura mucho tiempo se descompone poco a poco y sin notarlo.

Aprende a gobernarte a ti mismo antes de gobernar a los otros.

Para gobernar se precisa firmeza, pero también mucha flexibilidad y paciencia.

El gobierno arbitrario de un príncipe, aunque sea justo y esclarecido, es siempre malo.

Cualquier gobernante puede hacer tonterías; lo que no se le permite es decirlas.

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