Frases sobre El Ser humano

Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas.

No tenía miedo a las dificultades: lo que la asustaba era la obligación de tener que escoger un camino. Escoger un camino significaba abandonar otros.

A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota.

Los hombres que no perdonan a las mujeres sus pequeños defectos jamás disfrutarán de sus grandes virtudes.

Hay que unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos.

Para que el que cree no es necesaria ninguna explicación: para el que no cree toda explicación sobra.

Apresúrate; no te fíes de las horas venideras. El que hoy no está dispuesto, menos lo estará mañana.

Como flores hermosas, con color, pero sin aroma, son las dulces palabras para el que no obra de acuerdo con ellas.

Lo que se deja expresar, debe ser dicho de forma clara; sobre lo que no se puede hablar, es mejor callar.

Con buenas palabras se puede negociar, pero para engrandecerse se requieren buenas obras.

Pueden prohibirme seguir mi camino, pueden intentar forzar mi voluntad. Pero no pueden impedirme que, en el fondo de mi alma, elija a una o a otra.

Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.

Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes.

La palabra más soez y la carta más grosera son mejores, son más educadas que el silencio.

El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores.

Casi todo lo que realice será insignificante, pero es muy importante que lo haga.

Cuando debemos hacer una elección y no la hacemos, esto ya es una elección.

Sólo existen dos cosas importantes en la vida. La primera es el sexo y la segunda no me acuerdo.

La mitad del mundo tiene algo que decir, pero no puede; la otra mitad no tiene nada que decir, pero no calla.

Lo que es digno de hacerse, es digno de que se haga bien.

Todo hombre paga su grandeza con muchas pequeñeces, su victoria con muchas derrotas, su riqueza con múltiples quiebras.

Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla.

Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para levantar la voz.

Ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo; todo hombre es un fragmento del continente, una parte de un conjunto.

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