Frases sobre la felicidad

No existe la felicidad. A lo largo de la vida hay briznas de dicha que se deshacen como pompas de jabón.

Si alguien ama una flor, de la que hay un solo ejemplar en millones y millones de estrellas, eso es suficiente para hacerlo feliz cuando la mira.

Casi todas las personas son tan felices como deciden serlo.

¿Qué ha contribuido más a la felicidad humana, lo real o lo imaginario?

No me interesa la felicidad. Pero no exigir demasiado hace más fácil llevarse bien con uno mismo, que es mi sustituto de la felicidad.

La felicidad reside en los gustos y no en las cosas; somos felices cuando tenemos lo que nos gusta y no cuando tenemos lo que los demás encuentran agradable.

No es necesario todo para hacer un mundo,
es necesaria la felicidad y nada más.

Siempre la felicidad nos espera en algún sitio, pero a condición de que no vayamos a buscarla.

Yo no te quiero para ser feliz. Nadie es feliz y nosotros no lo seremos nunca, ni juntos ni separados. No se trata de eso. Ya que hay que sufrir mejor es sufrir con alguien y consolarse en compañía. Tampoco se puede ser bueno a solas.

Cuando una puerta de felicidad se cierra, otra se abre, pero muchas veces miramos tanto tiempo la puerta cerrada que no vemos la que se ha abierto para nosotros.

No debemos permitir que alguien se aleje de nuestra presencia sin sentirse mejor y más feliz.

Pensábamos que la felicidad es la mayor de las conquistas, la que hacemos contra el destino que se nos impone. Ni siquiera en la derrota nos abandonaba esa añoranza.

El procedimiento más seguro de hacernos más agradable la vida es hacerla agradable a los demás.

Cuanta más gente encuentro, más feliz soy. Con la criatura más insignificante, uno aprende, se enriquece, saborea mejor su felicidad.

La dicha no es más que sueño, y el dolor la realidad.

Hay cuatro tipos de personas en el mundo: los amantes, los ambiciosos, los observadores y los tontos. Éstos son los más felices.

Recordad que el secreto de la felicidad está en la libertad, y el secreto de la libertad, en el coraje.

Sería muy poco feliz si pudiera decir hasta qué punto lo soy.

Todos los seres son desdichados; pero, ¿cuántos lo saben?

Hay momentos en los que todo va bien: no te asustes, no duran.

La felicidad ininterrumpida aburre: debe tener alternativas.

Mucha gente se hace una idea equivocada sobre la verdadera felicidad. No se consigue satisfaciendo los propios deseos, sino siendo fieles a un cometido que merezca la pena.

¡Ah, la felicidad depende de cosas tan pequeñas...!

Nada está nunca acabado. Basta un poco de felicidad para que todo vuelva a empezar.

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