Henry David Thoreau

(1817-1862) Escritor, poeta y pensador.

Frases célebres

Lo que un hombre piensa de sí mismo, esto es lo que determina, o más bien indica, su destino.

Las matemáticas no mienten, lo que hay son muchos matemáticos mentirosos.

Las cosas no cambian; cambiamos nosotros.

En vez de amor, dinero o fama, dame la verdad.

Es tan difícil verse a uno mismo como mirar para atrás sin volverse.

Jamás hallé compañera más sociable que la soledad.

Casi todas las personas viven la vida en una silenciosa desesperación.

Nueve décimas partes de la sabiduría provienen de ser juicioso a tiempo.

El amor no sólo debe ser una llama, sino una luz.

La bondad es la única inversión que nunca quiebra.

De qué sirve una casa sino se cuenta con un planeta tolerable donde situarla.

¡Como si se pudiera matar el tiempo sin insultar a la eternidad!

Cualquier hombre que tenga más razón que sus prójimos ya constituye una mayoría de uno.

Cuán vano es sentarse a escribir cuando aún no te has levantado para vivir.

Un hombre es rico en proporción a las cosas que puede desechar.

Lee los buenos libros primero; lo más seguro es que no alcances a leerlos todos.

Vida ciudadana: millones de seres viviendo juntos en soledad.

Hay muchos que se van por las ramas, por uno que va directamente a la raíz.

El más rico es aquel cuyos placeres son los más baratos.

Deja de arañar la corteza; hay fruta madura en tu frente.

Bajo un gobierno que encarcele a alguien injustamente, el sitio adecuado para una persona justa es también la cárcel.

El tiempo no es sino la corriente en la que estoy pescando.

Hay más religión en la ciencia del hombre que ciencia en su religión.

La desobediencia es el verdadero fundamento de la libertad. Los obedientes deben ser esclavos.

Sólo hay un remedio para el amor: amar más.

Las fronteras no son el este o el oeste, el norte o el sur, sino allí donde el hombre se enfrenta a un hecho.

La ley nunca hará más libres a los hombres; son éstos los que deberían liberar a la ley.

El rico está siempre vendido a la institución que lo hace rico.

Aprendí que si uno avanza confiado en la dirección de sus ensueños y acomete la vida que se ha imaginado para sí, hallará un éxito inesperado en sus horas comunes.

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