Proverbio chino

La gente se arregla todos los días el cabello. ¿Por qué no el corazón?

Si te caes siete veces, levántate ocho.

Las grandes almas tienen voluntades; las débiles tan solo deseos.

El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él.

Cuando te inunde una enorme alegría, no prometas nada a nadie. Cuando te domine un gran enojo, no contestes ninguna carta.

El trabajo del pensamiento se parece a la perforación de un pozo: el agua es turbia al principio, mas luego se clarifica.

Si quieres que algo se haga, encárgaselo a una persona ocupada.

Nunca se pierden los años que se quita una mujer, van a parar a cualquiera de sus amigas.

El que teme sufrir ya sufre el temor.

Es más fácil variar el curso de un río que el carácter de un hombre.

El momento elegido por el azar vale siempre más que el momento elegido por nosotros mismos.

Cuando bebas agua, recuerda la fuente.

Si no quieres que se sepa, no lo hagas.

Jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino.

Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa.

Excava el pozo antes de que tengas sed.

Un pájaro no canta porque tenga una respuesta. Canta porque tiene una canción.

Aquel que pregunta es un tonto por cinco minutos, pero el que no pregunta permanece tonto por siempre.

Todos los hombres son sabios; unos antes, los otros, después.

La lengua resiste porque es blanda; los dientes ceden porque son duros.

Todos los ríos van al mar, pero el mar no se desborda.

La tinta más pobre de color vale más que la mejor memoria.

El que se pone de puntillas no puede sostenerse derecho.

Cada paso que da el zorro le acerca más a la peletería.

Es fácil esquivar la lanza, mas no el puñal oculto.

No puedes evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero sí puedes evitar que anide en tu cabellera.

La puerta mejor cerrada es aquella que puede dejarse abierta.

El sabio no dice lo que sabe, y el necio no sabe lo que dice.

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