Frases sobre El Desgracia

En la vida, lo más triste, no es ser del todo desgraciado, es que nos falte muy poco para ser felices y no podamos conseguirlo.

Conocer las cosas que lo hacen a uno desgraciado, ya es una especie de felicidad.

Si no quieres ser desgraciado trata a las catástrofes como a molestias, pero de ninguna manera a las molestias como a catástrofes.

El hombre puede soportar las desgracias que son accidentales y llegan de fuera. Pero sufrir por propias culpas, ésa es la pesadilla de la vida.

Sólo el infortunio puede convertir un corazón de roca en un corazón humano.

La desgracia descubre al alma luces que la prosperidad no llega a percibir.

Dichas que se pierden son desdichas más grandes.

No existe para el hombre más que una verdadera desdicha: incurrir en falta y tener motivo de censura contra sí.

Al principio de las catástrofes, y cuando han terminado, se hace siempre algo de retórica. En el primer caso, aún no se ha perdido la costumbre; en el segundo, se ha recuperado. Es en el mismo momento de la desgracia cuando uno se acostumbra a la verdad.

La fatalidad no pesa sobre el hombre cada vez que hace algo; pero pesa sobre él, a menos que haga algo.

La desgracia, al ligarse a mí, me enseñó poco a poco otra religión, distinta a la religión enseñada por los hombres.

Desdichado es el que por tal se tiene.

El desdichado no tiene otra medicina que la esperanza.

Acostada en medio de la desdicha, el alma ve mucho.

La desdicha es el vínculo más estrecho de los corazones.

No es bueno ser desgraciado, pero bueno es haberlo sido.

La mayor parte de nuestras desgracias resultan más soportables que los comentarios que de ellas hacen nuestros amigos.

La mayor desgracia es merecer la desgracia.

Las desgracias más temidas son, de ordinario, las que no llegan jamás.

Hablando de nuestras desgracias las aliviamos.

Aborreced las bocas que predicen desgracias eternas.

¡Aquel tiempo feliz en que éramos tan desgraciados!

En las desgracias hay que acordarse del estado de conformidad con que miramos las ajenas.

La fatalidad posee una cierta elasticidad que se suele llamar libertad humana.

Publicidad