Frases sobre las mujeres

La mujer, sólo el diablo sabe lo que es; yo no lo sé en absoluto.

Como individuo, la mujer es un ser endeble y defectuoso.

Una mujer sería encantadora si uno pudiera caer en sus brazos sin caer en sus manos.

Creo que las mujeres sostienen el mundo en vilo, para que no se desbarate mientras los hombres tratan de empujar la historia. Al final, uno se pregunta cuál de las dos cosas será la menos sensata.

En las mujeres, el instinto equivale a la perspicacia de los grandes hombres.

¿Existe el Infierno? ¿Existe Dios? ¿Resucitaremos después de la muerte? Ah, no olvidemos lo más importante: ¿Habrá mujeres allí?

Una mujer no comienza a mostrar su edad hasta que empieza a ocultarla.

La mujer no existe. Sólo hay mujeres cuyos tipos varían al infinito.

Las mujeres son como los caballos: hay que hablarles antes de ponerles las bridas.

El testimonio de las mujeres es ver lo de fuera desde dentro. Si hay una característica que pueda diferenciar el discurso de la mujer, es ese encuadre.

La mujer es algo mientras que el hombre no es nada.

Las mujeres no miden jamás los sacrificios; ni los suyos, ni los de los demás.

Aunque las mujeres no somos buenas para el consejo, algunas veces acertamos.

La mujer es como los autos, a la vejez es cuando más se pintan.

Los mejores amigos de las mujeres son los diamantes.

Crecí besando libros y pan. Desde que besé a una mujer, mis actividades con el pan y los libros perdieron interés.

En la morfología del ser femenino, acaso no haya figuras más extrañas que las de Judit y Salomé, las dos mujeres que van con dos cabezas cada una: la suya y la cortada.

El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres.

La amistad entre dos mujeres comienza o acaba por ser un complot contra una tercera.

Ah, !el eterno femenino!, decía aquel señor cuya mujer nunca acababa de morirse.

La mujer no es más que el hombre imperfecto.

A todas las mujeres les encanta y les emociona recibir cartas.

Por lo general, las mujeres de ensueño son una ilusión óptica.

Las mujeres son como las veletas: sólo se quedan quietas cuando se oxidan.

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