Frases sobre El Placer

En todo aquello que vale la pena de tener, incluso en el placer, hay un punto de dolor o de tedio que ha de ser sobrevivido para que el placer pueda revivir y resistir.

El mejor placer en la vida es hacer lo que la gente te dice que no puedes hacer.

El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro (placer) y acompasarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio.

Adoro los placeres sencillos; son el último refugio de los hombres complicados.

Disfrutar de todos los placeres es insensato; evitarlos, insensible.

El placer no es sino la felicidad de una parte del cuerpo.

Los placeres sencillos son el último refugio de los hombres complicados.

Si las acciones humanas pueden ser nobles, vergonzosas o indiferentes,
lo mismo ocurre con los placeres correspondientes. Hay placeres que derivan de actividades nobles, y otros de vergonzoso origen.

Andan el pesar y el placer tan apareados que es simple el triste que se desespera y el alegre que se confía.

El placer es el bien primero. Es el comienzo de toda preferencia y de toda aversión. Es la ausencia del dolor en el cuerpo y la inquietud en el alma.

El placer supremo es obtener lo que se anhela.

No puede el hombre sentirse a gusto sin su propia aprobación.

Confieso que enterrar a algunas gentes constituye un gran placer.

La furia con que el mundo actual busca el placer prueba que carece de él.

Lo que da valor a un placer es usarlo raramente.

No existe el placer allí donde no existe más que él.

No hay placer que no tenga por límite el pesar.

Los lugares más soeces y menos bellos de nuestro cuerpo son los que dan placer.

Juzgamos mejores que los placeres muchos dolores porque se consigue para nosotros un placer mayor.

El placer da lo que la sabiduría promete.

Placer y pena son los dos únicos resortes que mueven y moverán el mundo.

Todo hombre alimenta un secreto sueño, que no es la bondad ni el amor, sino un desenfrenado deseo de placer y egoísmo.

No hemos de gozar con mayor deleite las cosas que nos han costado caras, ni con menos las que no nos han costado nada.

¿Qué le importa la condena eterna a quien ha encontrado por un segundo lo infinito del goce?

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