Frases sobre la sabiduría

Puedes decir si un hombre es sabio por sus preguntas.

El que sabe no habla, el que habla no sabe.

Para llegar a ser sabio, es preciso querer experimentar ciertas vivencias, es decir, meterse en sus fauces. Eso es, ciertamente, muy peligroso; más de un sabio ha sido devorado al hacerlo.

La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada.

El sabio no enseña con palabras, sino con actos.

Seis honrados servidores me enseñaron cuanto sé; sus nombres son cómo, cuándo, dónde, qué, quién y por qué.

Yo sólo sé que no sé nada.

El que no sabe es un imbécil. El que sabe y calla es un criminal.

No es sabio el que sabe donde está el tesoro, sino el que trabaja y lo saca.

El saber y la razón hablan; la ignorancia y el error gritan.

El signo más cierto de la sabiduría es la serenidad constante.

El hombre sabio no debe abstenerse de participar en el gobierno del Estado, pues es un delito renunciar a ser útil a los necesitados y un cobardía ceder el paso a los indignos.

Cuando bordeamos un abismo y la noche es tenebrosa, el jinete sabio suelta las riendas y se entrega al instinto del caballo.

No basta con alcanzar la sabiduría, es necesario saber utilizarla.

Lo que no sé, tampoco creo saberlo.

Es mejor saber después de haber pensado y discutido que aceptar los saberes que nadie discute para no tener que pensar.

No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho.

La sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes para no perderlos de vista mientras se persiguen.

El grado sumo del saber es contemplar el por qué.

La oscuridad nos envuelve a todos, pero mientras el sabio tropieza en alguna pared, el ignorante permanece tranquilo en el centro de la estancia.

El sabio sabe que ignora.

Hay que estudiar mucho para saber poco.

La sabiduría es hija de la experiencia.

La prueba más clara de la sabiduría es una alegría continua.

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