Cicerón

(106 AC-43 AC) Marco Tulio Cicerón. Escritor, orador y político romano.

Frases célebres

Si quieres ser viejo mucho tiempo, hazte viejo pronto.

La sola idea de que una cosa cruel pueda ser útil es ya de por sí inmoral.

Es preferible ser viejo menos tiempo que serlo antes de la vejez.

La naturaleza ha puesto en nuestras mentes un insaciable deseo de ver la verdad.

No hay nada hecho por la mano del hombre que tarde o temprano el tiempo no destruya.

No hay hombre de nación alguna que, habiendo tomado a la naturaleza por guía, no pueda llegar a la verdad.

Todas las acciones cumplidas sin ostentación y sin testigos me parecen más loables.

Nada hay más injusto que buscar premio en la justicia.

Me avergüenzo de esos filósofos que no quieren desterrar ningún vicio si no está castigado por el juez.

Las leyes se han hecho para el bien de los ciudadanos.

La necedad es la madre de todos los males.

La naturaleza misma ha impreso en la mente de todos la idea de un Dios.

La libertad sólo reside en los estados en los que el pueblo tiene el poder supremo.

La ley suprema es el bien del pueblo.

La ley no ha sido establecida por el ingenio de los hombres, ni por el mandamiento de los pueblos, sino que es algo eterno que rige el Universo con la sabiduría del imperar y del prohibir.

La ley es, pues, la distinción de las cosas justas e injustas, expresada con arreglo a aquella antiquísima y primera naturaleza de las cosas.

La justicia es absolutamente nula si no se encuentra en la naturaleza.

La fuerza es el derecho de las bestias.

La ciencia que se aparte de la justicia más que ciencia debe llamarse astucia.

El que sufre tiene memoria.

El egoísta se ama a sí mismo sin rivales.

A pesar de que ya soy mayor, sigo aprendiendo de mis discípulos.

Los hombres sabios nos han enseñado que no sólo hay que elegir entre los males el menor, sino también sacar de ellos todo el bien que puedan contener.

Donde quiera que se esté bien, allí está la patria.

Es bueno acostumbrarse a la fatiga y a la carrera, pero no hay que forzar la marcha.

No hay cosa que los humanos traten de conservar tanto, ni que administren tan mal, como su propia vida.

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