Resultados de la búsqueda: Khalil Gibran
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El silencio del envidioso está lleno de ruidos.
Si otro te injuria, puedes olvidarlo; si injurias tú nunca olvidarás.
Trabajar con amor es construir una casa con cariño, como si vuestro ser amado fuera a habitar en esa casa.
Amar a la vida a través del trabajo, es intimar con el más recóndito secreto de la vida.
Para entender el corazón y la mente de una persona, no te fijes en lo que ha hecho no te fijes en lo que ha logrado sino en lo que aspira a hacer.
¿Dónde puedo encontrar un hombre gobernado por la razón y no por los hábitos y los deseos?
En el rocío de las pequeñas cosas, el corazón encuentra su mañana y toma su frescura.
No se puede llegar al alba sino por el sendero de la noche.
Vuestros hijos no son vuestros hijos: son los hijos y las hijas de las ansias de vida que siente la misma vida.
Vuestra alegría es vuestra tristeza sin máscara.
El amor sólo da de sí y nada recibe sino de sí mismo.
El amor no posee, y no quiere ser poseído.
Porque al amor le basta con el amor.
Dios no escucha vuestras palabras, salvo cuando él mismo las profiere a través de vuestros labios.
Del hablador he aprendido a callar; del intolerante, a ser indulgente, y del malévolo a tratar a los demás con amabilidad. Y por curioso que parezca, no siento ninguna gratitud hacia esos maestros.
Bueno es dar cuando nos piden; pero mejor es dar sin que nos pidan, como buenos entendedores.
Aquel que no usa su moralidad sino como si fuera su mejor ropaje, estaría mejor desnudo.
Si no puedes trabajar con amor sino sólo con desgana, mejor será que abandones el trabajo y te sientes a la puerta del templo a recibir limosna de los que trabajan con alegría.
Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños.
No busques al amigo para matar las horas, sino búscale con horas para vivir.
Debe haber algo extrañamente sagrado en la sal: está en nuestras lágrimas y en el mar.
Algunos oyen con las orejas, algunos con el estómago, algunos con el bolsillo y algunos no oyen en absoluto.
Los hombres que no perdonan a las mujeres sus pequeños defectos jamás disfrutarán de sus grandes virtudes.
El amor que no está brotando continuamente, está muriendo continuamente.
Das poco cuando das tus posesiones. Es cuando das de ti mismo cuando realmente das.
Es la vida la que da a la vida, mientras que vosotros, que os consideráis donantes, no sois más que testigos.
Y en mi locura encontré la libertad y la seguridad que da el que no le entiendan a uno, pues quienes nos comprenden esclavizan algo de nosotros.