Resultados de la búsqueda: queja
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Si tu mal tiene remedio ¿por qué te quejas?. Si no lo tiene ¿por qué te quejas?.
No debes quejarte de la nieve en el tejado de tu vecino cuando también cubre el umbral de tu casa.
La queja trae descrédito.
Una vez llegada la desgracia, de nada sirve quejarse.
Nunca debe el hombre lamentarse de los tiempos en que vive, pues esto no le servirá de nada. En cambio, en su poder está siempre mejorarlos.
Los que se quejan de la forma como rebota la pelota, son aquellos que no la saben golpear.
Todo el mundo se queja de no tener memoria y nadie se queja de no tener criterio.
Nadie se queja de tener lo que no se merece.
Los que emplean mal su tiempo son los primeros en quejarse de su brevedad.
Nacemos llorando, vivimos quejándonos y morimos desilusionados.
Sufrir sin quejarse es la única lección que debemos aprender en esta vida.
Nunca te quejes de lo que en todo momento está en tu poder para liberarte.
Si te quejas de que te traiciono, búscame enemigos a los que pueda odiar.
Ningún tonto se queja de serlo; no les debe ir tan mal.
Matan los médicos y viven de matar, y la queja cae sobre la dolencia.
El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas.
El que no sabe gozar de la ventura cuando le viene, no debe quejarse si se pasa.
De los fumadores podemos aprender la tolerancia. Todavía no conozco uno solo que se haya quejado de los no fumadores.
El hombre prudente sabe prevenir el mal, el hombre valeroso lo soporta sin quejarse.
No se ha llegado al colmo del dolor cuando se tiene aún fuerza para quejarse.
La filosofía del vagabundo se apoya en la no necesidad de nada y el buen talante de aceptarla sin queja alguna.
Te quejas de las censuras de tus maestros, émulos y adversarios, cuando debieras agradecerlas. Sus golpes no te hieren; te esculpen.
Los celos son una ceguera que arruina los corazones; quejarse y querellarse no representa signos de afecto sino de locura y malestar.
Comer bien, dormir bien, ir donde se desea, permanecer donde interese, no quejarse nunca y, sobre todo, huir como de la peste de los principales monumentos de la ciudad.